Cuando todo el mundo opina acerca de tu post parto

Una vez has dado a luz y tienes a tu bebé en brazos empieza un periodo de tiempo no marcado por ningún libro, sólo por la propia mujer y su sistema hormonal. Un periodo de tiempo donde el entorno considera que ya has dado a luz, y como mucho necesitarás ayuda para empezar a habituarte al nuevo de ritmo de vida que se acontece.

Se agradecen ayudas domésticas como comida casera preparada, ropa limpia, casa ordenada, etc…. ¿Pero y un poco de ayuda emocional?, ¿Un momento donde la madre pueda llorar sin tener que encontrar sentido a ese lloro?, ¿Un espacio donde la saturación se deje desbordar y fluir para poder vaciar el alma de miedos, cansancio, preocupaciones y a la vez alegrías? 

Tiende a pasar y sobretodo en madres primerizas, donde el parto se convierte en ese momento cumbre que tanto se magnifica, pero ese momento una vez vivido deja paso a la alegría y a la vez oscura experiencia de los principios de la maternidad, donde emergen las dudas, conflictos de pareja, adaptación obligatoria a nuevos rituales, emociones, ilusiones y a veces desconcierto. Parece ser que nuestras madres y abuelas solo nos alertan de lo que no vas a dormir…. pero a la vez vas a vivir la mejor de tus experiencias.

Porque cuesta tanto compartir nuestros miedos? Tomar conciencia de nuestras preocupaciones y de las continuas batallas entre nuestras necesidades contra las del bebé es muy importante y sanador. Es de vital importancia normalizar este proceso durante el post parto, de la misma forma que se debe permitir vivir momentos de desconsuelo y buscar apoyo para poder gestionarlo, y sobre todo nunca debe confundirse ni etiquetarse a la ligera como una posible depresión post parto. 

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A nivel social falta comprensión y acompañamiento emocional durante ese periodo, no sólo por parte de la família sino también por parte de pediatras o enfermeras que sólo siguen su desarrollo físico, atendiendo enfermedades, intolerancias, etc… Pero sería conveniente que existiera un soporte psicológico que acompañara a la recién madre a reubicar sus dudas, a encontrar un espacio que le ayudara a expresar sus temores, sus preocupaciones e incluso a encontrar apoyo en sus ideas de crianza.

Es necesario respetar las decisiones tomadas por los padres en como quieren funcionar como familia y como educar a sus hijos. No existen métodos idóneos para todos, ni tampoco todos los bebés tienen la misma hambre, ni el mismo patrón de sueño, ni las mismas necesidades, ni las mismas molestias. Entonces porque se generalizan sus necesidades?

De la misma forma que des de la Psicología Perinatal se trabaja para que se promueva el parto respetado, sin violencia y sin intervencionismo de ningún tipo. Durante el post parto se deben atender las necesidades de la madre y respetar sus decisiones sin intervenciones del entorno.

La inhibición emocional temprana

Cada vez hay más adultos a los que les cuesta expresar sus sentimientos, miedos, preocupaciones… Poner nombre y apellido a aquello que nos ocurre, y es que no siempre es fácil descifrar lo que nos pasa. ¿Y eso porque?

Desde pequeños son nuestros progenitores los encargados de enseñarnos a tomar conciencia de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Si en esa etapa tan primordial para nuestro desarrollo cerebral aprendemos que nuestras quejas no son escuchadas y atendidas, entonces entenderemos que no son válidas, adoptaremos una actitud de indefensión y renunciaremos a escuchar nuestros miedos, preocupaciones, llantos, etc… Además de garantizar una difícil conexión con los sentimientos ajenos, ya que la inteligencia emocional se verá dañada por la mala educación recibida.

Tampoco se trata de culpabilizar a las figuras de apego que tuvimos en nuestra infancia, ya que ellos mismos fueron educados así y seguramente actuaron de la mejor manera que sabían. ¿Pero que podemos hacer nosotros?

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Enseñar a tomar conciencia de los sentimientos, acompañar y sobretodo poner las palabras adecuadas a esos sentimientos que afloran en los más pequeños. Es la tarea de los adultos promover un aprendizaje social y emocional sano para prevenir conflictos internos, bloqueos emocionales y facilitar la escucha interior, la cual les enseñará a tomar decisiones, ser responsables, conscientes y crecer con armonía con uno mismo.

Hay errores que promueven la inhibición emocional en la edad adulta, y son errores a veces cotidianos y que no les damos mayor importancia como alargar el lloro del bebé en la cuna, practicar técnicas para enseñar a dormir un recién nacido sólo, evitar el contacto ocular,…. Al fin y al cabo ignorar al bebé en todo su esplendor. 

De esta forma puede que el niño aprenda a dormir sólo, puede que deje de llorar tanto en alguna situación de estrés, pero lo más seguro es que en la infancia le cueste horrores expresar a sus progenitores lo que le pasó en el colegio, porque está triste o enfadado, que tenga estallidos emocionales, reacciones exageradas, etc…Y eso se alargue hasta la edad adulta.

Atención al duelo perinatal

No es algo nuevo que pase sólo hoy en día, desde siempre ha ocurrido, a veces de cerca, por conocidos, por familiares lejanos, pero siempre ha estado allí. La muerte perinatal no es algo que no ocurra, pero cuál es nuestra conducta? no hablar de ello… Y para los padres esto es bueno? es reconfortante? los ayuda? desde luego NO.

Es un tema que resulta difícil, denso e incluso se nos pone un nudo en la garganta porque uno no encuentra las palabras exactas e idóneas para poder expresar a los que lo han sufrido, pero es que no las hay. Lo que conviene es acompañar, prestar ayuda, entender, comprender, y estar ahí. Desde luego no todo el mundo se ve capaz porque en cada uno de nosotros existirán duelos bloqueados, y el hecho de chocarnos con un nuevo acontecimiento cercano o lejano provocará que ese duelo vuelva a emerger y necesite ser elaborado de nuevo.

Que nos ocurre con el duelo perinatal o gestacional? que es una pérdida inesperada, incomprensible, que no toca. Es tan posible como la nuestra propia pero aquí el sentimiento es tan desgarrador que nos ahoga, donde no hay consuelo posible, y esto se duplica cuando se escuchan palabras de ánimo totalmente innecesarias y desafortunadas.

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Parece que hoy en día se están consiguiendo cambios en centros hospitalarios donde ofrecen el poder despedirse físicamente del bebé, limpiarlo, vestirle con su ropa, dar un tiempo para poder establecer un contacto físico, respetar a los padres…. Cosas como estás para algunos serán una experiencia durísima que no podrían vivir, para otros totalmente necesarias, pero lo que si debe hacerse es respetar las decisiones tomadas. El efecto sanador que esto implica ayuda a iniciar un ritual de despedida más tranquilo, más sereno. Se borrará la presencia, pero a partir de aquí atesoraremos su ser.

No se trata de olvidar el recuerdo ni de esquivar el dolor, porque como en todo duelo éste debe existir, se debe permitir sentirlo, se debe digerir, saber gestionar, … Sino que se trata de conseguir que la huella que siempre quedará no sea tan desgarradora para el alma y que nos permita hablar de ello.

Las resistencias durante la maternidad

Durante el embarazo los futuros padres se avecinan un nuevo cambio, y se preparan para ello físicamente, mentalmente e intentan establecer un entorno lo más confortable para el nuevo miembro de la familia. A finales del embarazo hay prisas, ganas, ilusiones e incluso se llega al punto de desesperación por conocer a esa nueva persona. Se conocen por experiencias de otros los cambios que se vivirán pero no llegan a asustar (y tampoco debería ser así), ya que la ilusión lo mueve todo.

Pero algo pasa des del primer día de la maternidad, y es que a partir de ese momento no existen treguas ni mapas de ruta a seguir. El desconocimiento nos invade, todo se vuelve difuso, desordenado, caótico y sin un rumbo a seguir, es un viaje totalmente a ciegas, y es en ese momento donde la madre debe conectar con su bebé y aprender día tras día a leer a través de sus mensajes “ocultos” aquello que necesita, ya que aquí el conocimiento no vale. Debemos sumergirnos en él, en nuestro inconsciente, y esto…a veces da miedo.

Tal y como lo describe Laura Gutman “Ése es el momento mágico, el instante sublime en que el bebé que sencillamente llora, nos conduce suavemente por el camino del auto descubrimiento. El bebé recién nacido nos conduce a niveles etéreos donde no hay mucho para pensar ni para hacer, salvo entrar en sintonía con el alma.

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Es aquí cuando nuestro Yo se transforma, ya que nos vemos “obligados” a enfrentarnos de nuevo con nuestros miedos, inseguridades, etc… todo aquello que teníamos aparcado y no quisimos volver a experimentar. Debemos volver a conectar con nuestro “bebé interior”, aquello que sentimos y fuimos para poder entender todo lo sucedido.

Es durante la noche cuando nos abruma el cansancio y ya desistimos en todo, únicamente queremos dormir un par de horas o tan siquiera una hora. Es aquí cuando esa etapa (etapa si) se nos hace eterna, vulnerables y no existe consuelo. Y es aquí cuando nuestra identidad entra en juego con el bebé, con sus lloros inconsolables, con sus necesidades, con su hambre nocturna que puede durar hasta el amanecer, etc… Es aquí cuando conectamos con lo vivido en nuestra etapa primaria.

Si hemos sido unos bebés poco atendidos, nos han dejado en la mecedora en vez de ser mecidos en brazos, nos ha faltado contacto de nuestro progenitor en cuanto sentíamos un malestar porque en aquellos tiempos (y aún en los nuestros), se decía que llorar era muy bueno para los pulmones… Entonces cuál será nuestra conducta? Irremediablemente actuaremos de la misma forma, nos resistiremos a conectar con él y entraremos en un bucle donde el desconsuelo nos atormentará.

Es aquí cuando debemos romper con esas resistencias y dejarnos fluir con nuestro recién nacido, dejar de mirar el reloj por la noche, dejarnos llevar por sus necesidades, tratar de comprender su malestar y darle lo único que necesita, seguridad, brazos y atención. Además de confiar en nuestra capacidad de escucha e instinto maternal. Ya que es bien sabido que si un bebé-niño delante de un malestar ve en sus progenitores una respuesta de angustia, entonces él delante de una futura situación que no sepa manejar se angustiará. Todo tiene un porqué.

Bibliografía:

L,Gutman (2007), Crianza, violencias invisibles y adicciones, RBA Libros.

La experiencia de un parto traumático

El parto es algo más que un proceso mecánico de contracciones-dilatación-expulsión-alumbramiento. Si nos parámos a observar las definiciones que cobra la palabra “parto” en distintos libros, diccionarios, desde el sector de la medicina, etc… se plasma una clara omisión del cuerpo de la propia mujer, a la figura materna.

Un parto normal no es sólo un cronometraje del tiempo de contracciones acompañadas de un fuerte dolor, sino poder sentir que no la están presionando y valorando constantemente como evoluciona. Tampoco se trata de una medicalización radical ni de desconfiar en los própositos de la mujer. Un parto normal es respetar el trabajo de parto desde el principio hasta el final, evitar un intervencionismo innecesario y sobre todo confiar en el propio cuerpo humano cuando éste se encuentra en un estado sano.

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Gracias a la era moderna y a la promoción por un parto sin dolor, se ha acabado modificando el significado real de la palabra parto. La instrumentalización, el intervencionismo y la medicalización han roto la díada madre-bebé que desde el punto de vista neurohormonal se da de forma natural, con lo cuál el parto traumático y un nacimiento con “violencia” estará servido.

En los ultimos años muchas mujeres han expresado su enfado y tristeza a raíz de partos traumáticos que les han provocado un recuerdo nefasto de un día que tenía que ser mágico, bonito y para guardar en la memoria. Gracias a “el parto es nuestro“, se ha ayudado a dar mayor importancia a esas experiencias, a divulgar información de interés a nuevas embarazadas y a realizar un trabajo psicoeducativo desde la ciudadanía hasta diversos centros sanitarios, donde priorizan un parto natural respetando el tiempo y ritmo de la mujer.

Cuantos partos se han programado antes de la fecha por “posibles riesgos”, donde curiosamente se cita a la parturienta entre semana de mañana o tarde?, Cuantos partos se han intentado acelerar con la inducción de oxcitocina, y luego se han bloqueado con la consecuente cesárea? Cuantas episotomías con consecuencias físicas se podrían haber evitado?

Cuando el padre de la monitorización electrónica fetal, el Dr. Caldeyro-Barcia, dijo: “Yo desarrollé la monitorización fetal para ayudar a las pocas mujeres que tienen dificultades durante el parto, y no para poner a todas las mujeres de parto en dificultades”, ya se avecinaba un uso abusivo de éste aparato.

Bibliografía:

I, Olza., E, Lebrero, (2012), ¿Nacer por cesárea?, Editorial OB STARE

Cuando existe una pérdida

En la mayoría de los casos la muerte sigue siendo un tema tabú, donde la sociedad se obliga a tratar el duelo con cierta superficialidad.

Lo esperado es una pérdida al final de la vida, cuando nuestra vida biográfica y biológica llega a su curso. Pero también existen situaciones donde la muerte es trágica y resulta difícil gestionar el proceso de duelo.

Tal y como aseñala Begoña Román, “El ser humano es un ser en busca de sentido, de historia, de narración; y toda narración tiene introducción, nudo y desenlace. Cuando no controlamos la historia, cuando hay pérdidas y ausencias hay duelos, y saber llevarlos y sobrellevarlos requiere de una filosofía de vida pero también de muerte”

Delante de un proceso de duelo debemos darnos el permiso para trabajarlo, digerirlo y adaptarnos a la nueva situación. Ya que lo importante requiere tiempo. La propia muerte y la de los nuestros se vuelve densa, por eso aqui son importantes los recursos de cada uno. Por el contrario ese dolor terminará enquistándose porque no nos habremos permitido vivirlo, y como todo dolor “escondido” en nuestra psique, toda emoción reprimida y no expresada, con el paso del tiempo se acaba convirtiéndo en pequeñas bombas en forma de enfermedades que buscarán su vía de escape.

Nos encontramos ante una sociedad obnubilada por la era del positivismo, donde si lloras estás mal visto y si te apenas un minuto se te intenta remontar a base de misiles de pensamientos positivos.

Es por eso que debemos reivindicar el derecho a poder realizar rituales donde poder despedirnos adecuadamente de nuestro ser querido. A poder llorar, a confiar en los demás y a pedir su consuelo. Ya que no hace falta pronunciar la frase adecuada que repare emocionalmente a la persona afectada, simplemente hace falta estar ahí. Y ese es justamente un hecho que muchas personas hechan de menos, y es la presencia de amigos y familiares una vez ha transcurrido la pérdida.

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La relación progenitor-bebé

Cada vez se le da más importancia al vínculo que se establece con los bebés, ya que estos aprenden a desarrollarse gracias a los cuidados, afecto, tacto y seguridad que les aportan los adultos, en este caso el progenitor. Entendiéndose como progenitor no sólo la figura materna, sino también el padre o cualquier adulto que tome la posición de persona referente.

Durante los dos primeros años de vida se va desarrollando el llamado “cerebro social“, situado en la corteza pre-frontal del cerebro, área vinculada al comportamiento social. Y los progenitores vendrían a ser los entrenadores emocionales que ayudarían al bebé a conectar con el entorno, es decir a cómo comportarse a nivel social.

Según Michel Odent existe el llamado periodo primal, y es el periodo de dependencia infantil que experimenta el bebé. Una etapa muy importante para ayudarle a desarrollarse correctamente de forma emocional, no sólo ayudándole a formarse a nivel físico con una correcta estimulación de los sentidos, y alimentándolo como es debido, sino a hacerse como persona.

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Cuando aparece un malestar en el bebé se debe calmar sin concesiones. Para ellos resulta una emergencia y la expresan como tal, ya que el factor tiempo lo desconocen y necesitan del progenitor para poder sobrevivir en ese preciso instante. Es en estos momentos donde el bebé precisa que se le responda con receptividad, es decir conectar con sus necesidades y resolverlas de forma correcta como por ejemplo: si tiene sueño ayudarle a dormir y no estimularlo con un sonajero para distraerlo, si tiene hambre ofrecerle comida y no mecerlo, etc …

Este factor es primordial para su correcto desarrollo emocional, en el sentido de que si no ven atendidas sus necesidades, consecuentemente aprenderán que el entorno no les puede ofrecer ayuda cuando ellos la precisan, y que sus necesidades pasan a un segundo plano. A la larga estas carencias se observan en adultos donde expresan inseguridad, baja-autoestima o dificultades para conectar con los sentimientos de otras personas.

Si estos experimentan una falta de atención de sus necesidades, su nivel de cortisol aumentará y por lo tanto tenderá a subir el estrés. Es decir, si no existen experiencias donde se hayan sentido seguros y felices, entonces les faltarán los recursos para aprender a adaptarse al entorno en situaciones de estrés, y si las faltas de atención se mantuvieran en el tiempo , tenderán a ser adultos con desniveles emocionales, problemas conductuales y posibles trastornos mentales. Repito visto desde el extremo, únicamente en casos donde se cronifican estas desatenciones (abandonos, malos tratos, ignorancia …), y donde el propio progenitor reacciona de esta forma porque él también ha sido en su momento un bebé desatendido. Este comportamiento se observa a menudo en madres con estados depresivos, con inseguridad o angustia previas y durante el embarazo.

Bibliografía:

Sue Gerhardt, (2008), “El amor maternal”, Editorial Albesa, SL.

Michel Odent, (2006), “La cesárea”, La Liebre de Marzo.