Los rituales

Los rituales tienen su origen en la época Neandertal, donde nuestros antepasados ya se despedían de una forma concreta y significativa.

Algunas investigaciones han descubierto que enterraban a sus difuntos colocando el cuerpo en posición fetal, con la cabeza orientada hacia el oeste y los pies hacia el este. Siempre los acompañaban de sus objetos significativos, ya fueran herramientas, ofrendas florales, etc… Y los embadurnaban con una pintura color ocre que simbolizaba la sangre, la cuál cobraba un significado, y es que era una forma de devolver el cuerpo hacia el útero de la madre naturaleza, de la misma forma en como llegaron al mundo.

Un ritual es algo más que un momento especial de despedida y recuerdo. Es un acto de ofrenda, estimación y dedicación hacia nuestro difunto. Que supone un acto totalmente necesario para iniciar el proceso de despedida, nuestro camino del duelo, que nos ayuda a digerir lo vivido y a adaptarnos a la nueva situación.

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Como ya he comentado en varias ocasiones, el proceso de duelo no es genérico, cada uno lo vive de una forma distinta y en un tiempo determinado. Por eso mismo los rituales deben realizarse cuando se sienta la necesidad, en una fecha importante para nosotros o para aquella persona, en un aniversario, o simplemente porque nos hemos acordado y queremos dedicarle un tiempo.

Hay distintos tipos de rituales, desde los más espontáneos hasta los más pensados:

  • Encender una vela, en la que podemos escoger el color, forma deseada, espacio donde la queramos quemar, etc… Un momento donde nos permitamos visualizar y esperar a que queme por completo.
  • Poner una música adecuada, o simplemente dedicar una canción espontánea.
  • Dedicar un sonido y compartirlo, pueden ser las olas del mar, el sonido puro de la naturaleza, los pájaros, etc…
  • Crear un ramo de flores o de globos, con un mensaje escrito, una carta personalizada, tal vez un poema o un dibujo.
  • Una cajita donde queramos guardar un objeto simbólico, que quizá deseemos conservar para siempre o quemarla en algún momento de nuestra vida.
  • Prepararnos físicamente para completar una travesía, una carrera, etc… Y dedicar ese acontecimiento a nuestro ser querido. Tomando conciencia del motivo por el que se realiza, y sintiendo como nuestro cuerpo expresa sus propias fases del duelo.
  • Rituales donde aparezcan los 4 elementos. Tirar las cenizas al mar, un lugar concreto y apreciado, o bien tirarlas al aire con la finalidad de completar el ritual del fuego. Pero también podemos plantar un árbol o una planta como acto simbólico, y transformar ese momento en una ceremonia para su recuerdo eterno.

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No debemos olvidar que los ritos hacen que un día sea diferente de los demás, y que una hora no sea igual que la otra. Es una necesidad humana, y una forma de expresar nuestros emociones. Por lo tanto es de vital importancia tomar conciencia, escucharnos y permitirnos expresar los que sentimos.

Bibliografía:

– M, Álvarez, Mª A, Claradmeunt, R, Jové, E, Santos (2009), La cuna vacía: El doloroso proceso de perder un embarazo, La esfera de los libros.

Enseñando a gestionar las emociones

Me he encontrado muchas veces con  padres que refieren sentirse confundidos en su conducta después de oír llorar a su bebé sin motivo alguno. En varias ocasiones el bebé llora después de una caída “tonta”, porque no lo cogen cuando él quiere o a veces sin motivo aparente.

¿Que pasa en estas situaciones? Los seres humanos buscamos una explicación a todo, absolutamente a todo, y a veces esa explicación tiene que ser rebuscada y compleja. Sin permitirnos dejar cualquier duda ante la posibilidad de una respuesta simple o injustificada.

Entonces la conducta del progenitor cuando observa que su bebé llora porque se ha tropezado sin hacerse daño, no debería ser la de quitar importancia al asunto y centrar toda su atención en “curtir” su carácter, con la falsa creencia de que así se volverá independiente y autónomo.

Pero tampoco sería correcto menospreciando el motivo del llanto con un “Venga, duérmete sola que ya sabes que estás cansada…”, cada vez que el bebé rechista al dejarlo en su cuna.

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Nuestra misión, objetivo y finalidad… así de claro, no se trata únicamente de cambiar pañales y dar de comer. Sino que va más allá, consiste en minimizar el estrés en el recién nacido, ya que ellos no saben gestionar la situación para conseguir bajar los niveles de cortisol cuando esto ocurre.

Nuestro instinto debería corresponder al de tratar de apaciguar el malestar, no enseñándole a gestionarlo solos, sino proporcionándole calor, afecto y sobretodo simplemente ESTAR ahí, aunque el llanto no tenga consuelo.

Muchas veces debemos recordarnos que nosotros somos su fuente de aprendizaje, y que muchas veces conviene consolar, acurrucar, acariciar y estar para que puedan entender que ese llanto no tiene tanta importancia.

No se trata de que el bebé aprenda que su caída no ha sido para tanto, sino de enseñarle con el contacto humano que efectivamente no se ha hecho nada. Tampoco se trata de hacerle entender con métodos estrictos que su misión es dormirse solo porqué está muy cansado, sino proporcionarle unos brazos atemporales que le configuren seguridad, bienestar y sobretodo confianza. Ya que con esta actitud estaremos trabajando para fomentar la independencia, autonomía, confianza y autoestima del futuro niño – adulto.

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La pareja en el duelo perinatal

La pérdida gestacional o perinatal es una de las experiencias más dolorosas que puede soportar cualquier ser humano, convirtiendose en una crisis emocional que cambiará y transformará a la madre y al padre de forma individual, pero también a la pareja.

El proceso de duelo se vive de forma individual y cada uno lo expresa de una forma distinta, tiene su propio ritmo y no debe compararse bajo ningún concepto con ninguna otra persona. Además hay que tener en cuenta que el proceso de duelo lo marca la profundidad del vinculo que se ha establecido y no las semanas de gestación.

A nivel individual es muy importante permitirse elaborar el duelo el tiempo que haga falta, de la forma que se necesite, digiriendo lo vivido para después aceptar la pérdida. Pero no nos confundamos, el proceso de duelo no implica olvidar, sino de cambiar la mirada de los sucedido. Al final del proceso se observará una transformación de la persona que habrá adoptado otra mirada respecto a la vida pero también una nueva filosofía de la muerte, es decir existirá un crecimiento personal.

Pero que pasa con la pareja? Ambos miembros deben vivir el proceso de duelo de la misma forma? ambos lo deben expresar de igual manera? NO.

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Cuando existe una crisis emocional tan fuerte como la pérdida perinatal, además de tener que hacer nuestro camino en el duelo, es inevitable no poder parar y mirar si nuestro acompañante nos sigue, si él/ella se expresa igual y si va más adelantado o más atrasado que nosotros. Pero debemos entender una sola cosa, y es que no hay una expresión del duelo genérica, sino que hay que tener en cuenta el carácter de la persona, sus experiencias pasadas, su entorno más próximo y su ritmo.

Del mismo modo que debido al aprendizaje social, los hombres expresarán su duelo de una forma más física y quizás las mujeres necesiten expresarlo de otra manera, verbalizando su tristeza. Pero debemos tener presente que no se puede culpabilizar al otro por no ser nuestro espejo, sino que se debe aceptar su forma de exteriorizar su llanto y acompañarlo.

Cuando todo el mundo opina acerca de tu post parto

Una vez has dado a luz y tienes a tu bebé en brazos empieza un periodo de tiempo no marcado por ningún libro, sólo por la propia mujer y su sistema hormonal. Un periodo de tiempo donde el entorno considera que ya has dado a luz, y como mucho necesitarás ayuda para empezar a habituarte al nuevo de ritmo de vida que se acontece.

Se agradecen ayudas domésticas como comida casera preparada, ropa limpia, casa ordenada, etc…. ¿Pero y un poco de ayuda emocional?, ¿Un momento donde la madre pueda llorar sin tener que encontrar sentido a ese lloro?, ¿Un espacio donde la saturación se deje desbordar y fluir para poder vaciar el alma de miedos, cansancio, preocupaciones y a la vez alegrías? 

Tiende a pasar y sobretodo en madres primerizas, donde el parto se convierte en ese momento cumbre que tanto se magnifica, pero ese momento una vez vivido deja paso a la alegría y a la vez oscura experiencia de los principios de la maternidad, donde emergen las dudas, conflictos de pareja, adaptación obligatoria a nuevos rituales, emociones, ilusiones y a veces desconcierto. Parece ser que nuestras madres y abuelas solo nos alertan de lo que no vas a dormir…. pero a la vez vas a vivir la mejor de tus experiencias.

Porque cuesta tanto compartir nuestros miedos? Tomar conciencia de nuestras preocupaciones y de las continuas batallas entre nuestras necesidades contra las del bebé es muy importante y sanador. Es de vital importancia normalizar este proceso durante el post parto, de la misma forma que se debe permitir vivir momentos de desconsuelo y buscar apoyo para poder gestionarlo, y sobre todo nunca debe confundirse ni etiquetarse a la ligera como una posible depresión post parto. 

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A nivel social falta comprensión y acompañamiento emocional durante ese periodo, no sólo por parte de la família sino también por parte de pediatras o enfermeras que sólo siguen su desarrollo físico, atendiendo enfermedades, intolerancias, etc… Pero sería conveniente que existiera un soporte psicológico que acompañara a la recién madre a reubicar sus dudas, a encontrar un espacio que le ayudara a expresar sus temores, sus preocupaciones e incluso a encontrar apoyo en sus ideas de crianza.

Es necesario respetar las decisiones tomadas por los padres en como quieren funcionar como familia y como educar a sus hijos. No existen métodos idóneos para todos, ni tampoco todos los bebés tienen la misma hambre, ni el mismo patrón de sueño, ni las mismas necesidades, ni las mismas molestias. Entonces porque se generalizan sus necesidades?

De la misma forma que des de la Psicología Perinatal se trabaja para que se promueva el parto respetado, sin violencia y sin intervencionismo de ningún tipo. Durante el post parto se deben atender las necesidades de la madre y respetar sus decisiones sin intervenciones del entorno.

La inhibición emocional temprana

Cada vez hay más adultos a los que les cuesta expresar sus sentimientos, miedos, preocupaciones… Poner nombre y apellido a aquello que nos ocurre, y es que no siempre es fácil descifrar lo que nos pasa. ¿Y eso porque?

Desde pequeños son nuestros progenitores los encargados de enseñarnos a tomar conciencia de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Si en esa etapa tan primordial para nuestro desarrollo cerebral aprendemos que nuestras quejas no son escuchadas y atendidas, entonces entenderemos que no son válidas, adoptaremos una actitud de indefensión y renunciaremos a escuchar nuestros miedos, preocupaciones, llantos, etc… Además de garantizar una difícil conexión con los sentimientos ajenos, ya que la inteligencia emocional se verá dañada por la mala educación recibida.

Tampoco se trata de culpabilizar a las figuras de apego que tuvimos en nuestra infancia, ya que ellos mismos fueron educados así y seguramente actuaron de la mejor manera que sabían. ¿Pero que podemos hacer nosotros?

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Enseñar a tomar conciencia de los sentimientos, acompañar y sobretodo poner las palabras adecuadas a esos sentimientos que afloran en los más pequeños. Es la tarea de los adultos promover un aprendizaje social y emocional sano para prevenir conflictos internos, bloqueos emocionales y facilitar la escucha interior, la cual les enseñará a tomar decisiones, ser responsables, conscientes y crecer con armonía con uno mismo.

Hay errores que promueven la inhibición emocional en la edad adulta, y son errores a veces cotidianos y que no les damos mayor importancia como alargar el lloro del bebé en la cuna, practicar técnicas para enseñar a dormir un recién nacido sólo, evitar el contacto ocular,…. Al fin y al cabo ignorar al bebé en todo su esplendor. 

De esta forma puede que el niño aprenda a dormir sólo, puede que deje de llorar tanto en alguna situación de estrés, pero lo más seguro es que en la infancia le cueste horrores expresar a sus progenitores lo que le pasó en el colegio, porque está triste o enfadado, que tenga estallidos emocionales, reacciones exageradas, etc…Y eso se alargue hasta la edad adulta.

Atención al duelo perinatal

No es algo nuevo que pase sólo hoy en día, desde siempre ha ocurrido, a veces de cerca, por conocidos, por familiares lejanos, pero siempre ha estado allí. La muerte perinatal no es algo que no ocurra, pero cuál es nuestra conducta? no hablar de ello… Y para los padres esto es bueno? es reconfortante? los ayuda? desde luego NO.

Es un tema que resulta difícil, denso e incluso se nos pone un nudo en la garganta porque uno no encuentra las palabras exactas e idóneas para poder expresar a los que lo han sufrido, pero es que no las hay. Lo que conviene es acompañar, prestar ayuda, entender, comprender, y estar ahí. Desde luego no todo el mundo se ve capaz porque en cada uno de nosotros existirán duelos bloqueados, y el hecho de chocarnos con un nuevo acontecimiento cercano o lejano provocará que ese duelo vuelva a emerger y necesite ser elaborado de nuevo.

Que nos ocurre con el duelo perinatal o gestacional? que es una pérdida inesperada, incomprensible, que no toca. Es tan posible como la nuestra propia pero aquí el sentimiento es tan desgarrador que nos ahoga, donde no hay consuelo posible, y esto se duplica cuando se escuchan palabras de ánimo totalmente innecesarias y desafortunadas.

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Parece que hoy en día se están consiguiendo cambios en centros hospitalarios donde ofrecen el poder despedirse físicamente del bebé, limpiarlo, vestirle con su ropa, dar un tiempo para poder establecer un contacto físico, respetar a los padres…. Cosas como estás para algunos serán una experiencia durísima que no podrían vivir, para otros totalmente necesarias, pero lo que si debe hacerse es respetar las decisiones tomadas. El efecto sanador que esto implica ayuda a iniciar un ritual de despedida más tranquilo, más sereno. Se borrará la presencia, pero a partir de aquí atesoraremos su ser.

No se trata de olvidar el recuerdo ni de esquivar el dolor, porque como en todo duelo éste debe existir, se debe permitir sentirlo, se debe digerir, saber gestionar, … Sino que se trata de conseguir que la huella que siempre quedará no sea tan desgarradora para el alma y que nos permita hablar de ello.

Las resistencias durante la maternidad

Durante el embarazo los futuros padres se avecinan un nuevo cambio, y se preparan para ello físicamente, mentalmente e intentan establecer un entorno lo más confortable para el nuevo miembro de la familia. A finales del embarazo hay prisas, ganas, ilusiones e incluso se llega al punto de desesperación por conocer a esa nueva persona. Se conocen por experiencias de otros los cambios que se vivirán pero no llegan a asustar (y tampoco debería ser así), ya que la ilusión lo mueve todo.

Pero algo pasa des del primer día de la maternidad, y es que a partir de ese momento no existen treguas ni mapas de ruta a seguir. El desconocimiento nos invade, todo se vuelve difuso, desordenado, caótico y sin un rumbo a seguir, es un viaje totalmente a ciegas, y es en ese momento donde la madre debe conectar con su bebé y aprender día tras día a leer a través de sus mensajes “ocultos” aquello que necesita, ya que aquí el conocimiento no vale. Debemos sumergirnos en él, en nuestro inconsciente, y esto…a veces da miedo.

Tal y como lo describe Laura Gutman “Ése es el momento mágico, el instante sublime en que el bebé que sencillamente llora, nos conduce suavemente por el camino del auto descubrimiento. El bebé recién nacido nos conduce a niveles etéreos donde no hay mucho para pensar ni para hacer, salvo entrar en sintonía con el alma.

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Es aquí cuando nuestro Yo se transforma, ya que nos vemos “obligados” a enfrentarnos de nuevo con nuestros miedos, inseguridades, etc… todo aquello que teníamos aparcado y no quisimos volver a experimentar. Debemos volver a conectar con nuestro “bebé interior”, aquello que sentimos y fuimos para poder entender todo lo sucedido.

Es durante la noche cuando nos abruma el cansancio y ya desistimos en todo, únicamente queremos dormir un par de horas o tan siquiera una hora. Es aquí cuando esa etapa (etapa si) se nos hace eterna, vulnerables y no existe consuelo. Y es aquí cuando nuestra identidad entra en juego con el bebé, con sus lloros inconsolables, con sus necesidades, con su hambre nocturna que puede durar hasta el amanecer, etc… Es aquí cuando conectamos con lo vivido en nuestra etapa primaria.

Si hemos sido unos bebés poco atendidos, nos han dejado en la mecedora en vez de ser mecidos en brazos, nos ha faltado contacto de nuestro progenitor en cuanto sentíamos un malestar porque en aquellos tiempos (y aún en los nuestros), se decía que llorar era muy bueno para los pulmones… Entonces cuál será nuestra conducta? Irremediablemente actuaremos de la misma forma, nos resistiremos a conectar con él y entraremos en un bucle donde el desconsuelo nos atormentará.

Es aquí cuando debemos romper con esas resistencias y dejarnos fluir con nuestro recién nacido, dejar de mirar el reloj por la noche, dejarnos llevar por sus necesidades, tratar de comprender su malestar y darle lo único que necesita, seguridad, brazos y atención. Además de confiar en nuestra capacidad de escucha e instinto maternal. Ya que es bien sabido que si un bebé-niño delante de un malestar ve en sus progenitores una respuesta de angustia, entonces él delante de una futura situación que no sepa manejar se angustiará. Todo tiene un porqué.

Bibliografía:

L,Gutman (2007), Crianza, violencias invisibles y adicciones, RBA Libros.